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02 El Pacto con Abraham

Génesis 32

Jacob teme a Esaú

Gén 32:1

Jacob envía mensajeros a Esaú

Jacob también siguió su camino, pero unos ángeles de Dios salieron a su encuentro.

Gén 32:2 Al verlos, exclamó: «¡Éste es el campamento de Dios!» Por eso llamó a ese lugar Majanayin.[a]

Gén 32:3 Luego Jacob envió mensajeros a su hermano Esaú, que estaba en la tierra de Seír, en la región de Edom.

Gén 32:4 Y les ordenó que le dijeran: «Mi señor Esaú, su siervo Jacob nos ha enviado a decirle que él ha vivido en la casa de Labán todo este tiempo,

Gén 32:5 y que ahora tiene vacas, asnos, ovejas, esclavos y esclavas. Le manda este mensaje, con la esperanza de ganarse su favor.»

Gén 32:6 Cuando los mensajeros regresaron, le dijeron a Jacob: «Fuimos a hablar con su hermano Esaú, y ahora viene al encuentro de usted, acompañado de cuatrocientos hombres.»

Gén 32:7 Jacob sintió mucho miedo, y se puso muy angustiado. Por eso dividió en dos grupos a la gente que lo acompañaba, y lo mismo hizo con las ovejas, las vacas y los camellos,

Gén 32:8 pues pensó: «Si Esaú ataca a un grupo, el otro grupo podrá escapar.»

Gén 32:9 Entonces Jacob se puso a orar: «SEÑOR, Dios de mi abuelo Abraham y de mi padre Isaac, que me dijiste que regresara a mi tierra y a mis familiares, y que me harías prosperar:

Gén 32:10 realmente yo, tu siervo, no soy digno de la bondad y fidelidad con que me has privilegiado. Cuando crucé este río Jordán, no tenía más que mi bastón; pero ahora he llegado a formar dos campamentos.

Gén 32:11 ¡Líbrame del poder de mi hermano Esaú, pues tengo miedo de que venga a matarme a mí y a las madres y a los niños!

Gén 32:12 Tú mismo afirmaste que me harías prosperar, y que mis descendientes serían tan numerosos como la arena del mar, que no se puede contar.»

Gén 32:13 Jacob pasó la noche en aquel lugar, y de lo que tenía consigo escogió, como regalo para su hermano Esaú,

Gén 32:14 doscientas cabras, veinte chivos, doscientas ovejas, veinte carneros,

Gén 32:15 treinta camellas con sus crías, cuarenta vacas, diez novillos, veinte asnas y diez asnos.

Gén 32:16 Luego los puso a cargo de sus siervos, cada manada por separado, y les dijo: «Vayan adelante, pero dejen un buen espacio entre manada y manada.»

Gén 32:17 Al que iba al frente, le ordenó: «Cuando te encuentres con mi hermano Esaú y te pregunte de quién eres, a dónde te diriges y de quién es el ganado que llevas,

Gén 32:18 le contestarás: “Es un regalo para usted, mi señor Esaú, que de sus ganados le manda su siervo Jacob. Además, él mismo viene detrás de nosotros.” »

Gén 32:19 Jacob les dio la misma orden al segundo y al tercer grupo, y a todos los demás que iban detrás del ganado. Les dijo: «Cuando se encuentren con Esaú, le dirán todo esto,

Gén 32:20 y añadirán: “Su siervo Jacob viene detrás de nosotros.” » Jacob pensaba: «Lo apaciguaré con los regalos que le llegarán primero, y luego me presentaré ante él; tal vez así me reciba bien.»

Gén 32:21 De esta manera los regalos lo precedieron, pero Jacob se quedó esa noche en el campamento.

Jacob lucha con Dios

Gén 32:22

Jacob lucha con un ángel

Aquella misma noche Jacob se levantó, tomó a sus dos esposas, a sus dos esclavas y a sus once hijos, y cruzó el vado del río Jaboc.

Gén 32:23 Una vez que lo habían cruzado, hizo pasar también todas sus posesiones,

Gén 32:24 quedándose solo. Entonces un hombre luchó con él hasta el amanecer.

Gén 32:25 Cuando ese hombre se dio cuenta de que no podía vencer a Jacob, lo tocó en la coyuntura de la cadera, y ésta se le dislocó mientras luchaban.

Gén 32:26 Entonces el hombre le dijo: —¡Suéltame, que ya está por amanecer! —¡No te soltaré hasta que me bendigas! —respondió Jacob.

Gén 32:27 —¿Cómo te llamas? —le preguntó el hombre. —Me llamo Jacob —respondió.

Gén 32:28 Entonces el hombre le dijo: —Ya no te llamarás Jacob, sino Israel[b], porque has luchado con Dios y con los hombres, y has vencido.

Gén 32:29 —Y tú, ¿cómo te llamas? —le preguntó Jacob. —¿Por qué preguntas cómo me llamo? —le respondió el hombre. Y en ese mismo lugar lo bendijo.

Gén 32:30 Jacob llamó a ese lugar Penuel,[c] porque dijo: «He visto a Dios cara a cara, y todavía sigo con vida.»

Gén 32:31 Cruzaba Jacob por el lugar llamado Penuel, cuando salió el sol. A causa de su cadera dislocada iba rengueando.

Gén 32:32 Por esta razón los israelitas no comen el tendón que está en la coyuntura de la cadera, porque a Jacob se le tocó en dicho tendón.

Génesis 33

Jacob se encuentra con Esaú

Gén 33:1

Encuentro de Jacob con Esaú

Cuando Jacob alzó la vista y vio que Esaú se acercaba con cuatrocientos hombres, repartió a los niños entre Lea, Raquel y las dos esclavas.

Gén 33:2 Al frente de todos colocó a las criadas con sus hijos, luego a Lea con sus hijos, y por último a Raquel con José.

Gén 33:3 Jacob, por su parte, se adelantó a ellos, inclinándose hasta el suelo siete veces mientras se iba acercando a su hermano.

Gén 33:4 Pero Esaú corrió a su encuentro y, echándole los brazos al cuello, lo abrazó y lo besó. Entonces los dos se pusieron a llorar.

Gén 33:5 Luego Esaú alzó la vista y, al ver a las mujeres y a los niños, preguntó: —¿Quiénes son estos que te acompañan? —Son los hijos que Dios le ha concedido a tu siervo —respondió Jacob.

Gén 33:6 Las esclavas y sus hijos se acercaron y se inclinaron ante Esaú.

Gén 33:7 Luego, Lea y sus hijos hicieron lo mismo y, por último, también se inclinaron José y Raquel.

Gén 33:8 —¿Qué significan todas estas manadas que han salido a mi encuentro? —preguntó Esaú. —Intentaba con ellas ganarme tu confianza —contestó Jacob.

Gén 33:9 —Hermano mío —repuso Esaú—, ya tengo más que suficiente. Quédate con lo que te pertenece.

Gén 33:10 —No, por favor —insistió Jacob—; si me he ganado tu confianza, acepta este presente que te ofrezco. Ya que me has recibido tan bien, ¡ver tu rostro es como ver a Dios mismo!

Gén 33:11 Acéptame el regalo que te he traído. Dios ha sido muy bueno conmigo, y tengo más de lo que necesito. Fue tanta la insistencia de Jacob que, finalmente, Esaú aceptó.

Gén 33:12 Más tarde, Esaú le dijo: —Sigamos nuestro viaje; yo te acompañaré.

Gén 33:13 Pero Jacob se disculpó: —Mi hermano y señor debe saber que los niños son todavía muy débiles, y que las ovejas y las vacas acaban de tener cría, y debo cuidarlas. Si les exijo demasiado, en un solo día se me puede morir todo el rebaño.

Gén 33:14 Es mejor que mi señor se adelante a su siervo, que yo seguiré al paso de la manada y de los niños, hasta que nos encontremos en Seír.

Gén 33:15 —Está bien —accedió Esaú—, pero permíteme dejarte algunos de mis hombres para que te acompañen. —¿Para qué te vas a molestar? —contestó Jacob—. Lo importante es que me he ganado tu confianza.

Gén 33:16 Aquel mismo día, Esaú regresó a Seír.

Gén 33:17 Jacob, en cambio, se fue hacia Sucot, y allí se hizo una casa para él y cobertizos para su ganado. Por eso a ese lugar se le llamó Sucot.[a]

Gén 33:18 Cuando Jacob volvió de Padán Aram,[b] llegó sano y salvo a la ciudad de Siquén, en Canaán, y acampó frente a ella.

Gén 33:19 Luego, por cien monedas de plata les compró una parcela a los hijos de Jamor, el padre de Siquén, y allí instaló su carpa.

Gén 33:20 También construyó un altar, y lo llamó El Elohé Israel.[c]

Génesis 34

La deshonra de Dina

Gén 34:1

Rapto y violación de Dina

En cierta ocasión Dina, la hija que Jacob tuvo con Lea, salió a visitar a las mujeres del lugar.

Gén 34:2 Cuando la vio Siquén, que era hijo de Jamor el heveo, jefe del lugar, la agarró por la fuerza, se acostó con ella y la violó.

Gén 34:3 Pero luego se enamoró de ella y trató de ganarse su afecto.

Gén 34:4 Entonces le dijo a su padre: «Consígueme a esta muchacha para que sea mi esposa.»

Gén 34:5 Jacob se enteró de que Siquén había violado a su hija Dina pero, como sus hijos estaban en el campo cuidando el ganado, no dijo nada hasta que ellos regresaron.

Gén 34:6 Mientras tanto Jamor, el padre de Siquén, salió en busca de Jacob para hablar con él.

Gén 34:7 Cuando los hijos de Jacob volvieron del campo y se enteraron de lo sucedido, quedaron muy dolidos y, a la vez, llenos de ira. Siquén había cometido una ofensa muy grande contra Israel al abusar de su hija; era algo que nunca debió haber hecho.

Gén 34:8 Pero Jamor les dijo: —Mi hijo Siquén está enamorado de la hermana de ustedes. Por favor, permitan que ella se case con él.

Gén 34:9 Háganse parientes nuestros. Intercambiemos nuestras hijas en casamiento.

Gén 34:10 Así ustedes podrán vivir entre nosotros y el país quedará a su disposición para que lo habiten, hagan negocios[a] y adquieran terrenos.

Gén 34:11 Siquén, por su parte, les dijo al padre y a los hermanos de Dina: —Si ustedes me hallan digno de su favor, yo les daré lo que me pidan.

Gén 34:12 Pueden pedirme cuanta dote quieran, y exigirme muchos regalos, pero permitan que la muchacha se case conmigo.

Gén 34:13 Sin embargo, por el hecho de que su hermana Dina había sido deshonrada, los hijos de Jacob les respondieron con engaños a Siquén y a su padre Jamor.

Gén 34:14 —Nosotros no podemos hacer algo así —les explicaron—. Sería una vergüenza para todos nosotros entregarle nuestra hermana a un hombre que no está circuncidado.

Gén 34:15 Sólo aceptaremos con esta condición: que todos los varones entre ustedes se circunciden para que sean como nosotros.

Gén 34:16 Entonces sí intercambiaremos nuestras hijas con las de ustedes en casamiento, y viviremos entre ustedes y formaremos un solo pueblo.

Gén 34:17 Pero si no aceptan nuestra condición de circuncidarse, nos llevaremos a nuestra hermana[b] y nos iremos de aquí.

Gén 34:18 Jamor y Siquén estuvieron de acuerdo con la propuesta;

Gén 34:19 y tan enamorado estaba Siquén de la hija de Jacob que no demoró en circuncidarse. Como Siquén era el hombre más respetado en la familia,

Gén 34:20 su padre Jamor lo acompañó hasta la entrada de la ciudad, y allí hablaron con todos sus conciudadanos. Les dijeron:

Gén 34:21 —Estos hombres se han portado como amigos. Dejen que se establezcan en nuestro país, y que lleven a cabo sus negocios aquí, ya que hay suficiente espacio para ellos. Además, nosotros nos podremos casar con sus hijas, y ellos con las nuestras.

Gén 34:22 Pero ellos aceptan quedarse entre nosotros y formar un solo pueblo, con una sola condición: que todos nuestros varones se circunciden, como lo hacen ellos.

Gén 34:23 Aceptemos su condición, para que se queden a vivir entre nosotros. De esta manera su ganado, sus propiedades y todos sus animales serán nuestros.

Gén 34:24 Todos los que se reunían a la entrada de la ciudad estuvieron de acuerdo con Jamor y con su hijo Siquén, y fue así como todos los varones fueron circuncidados.

Gén 34:25 Al tercer día, cuando los varones todavía estaban muy adoloridos, dos de los hijos de Jacob, Simeón y Leví, hermanos de Dina, empuñaron cada uno su espada y fueron a la ciudad, donde los varones se encontraban desprevenidos, y los mataron a todos.

Gén 34:26 También mataron a filo de espada a Jamor y a su hijo Siquén, sacaron a Dina de la casa de Siquén y se retiraron.

Gén 34:27 Luego los otros hijos de Jacob llegaron y, pasando sobre los cadáveres, saquearon la ciudad en venganza por la deshonra que había sufrido su hermana.

Gén 34:28 Se apropiaron de sus ovejas, ganado y asnos, y de todo lo que había en la ciudad y en el campo.

Gén 34:29 Se llevaron todos sus bienes, y sus hijos y mujeres, y saquearon todo lo que encontraron en las casas.

Gén 34:30 Entonces Jacob les dijo a Simeón y Leví: —Me han provocado un problema muy serio. De ahora en adelante los cananeos y ferezeos, habitantes de este lugar, me van a odiar. Si ellos se unen contra mí y me atacan, me matarán a mí y a toda mi familia, pues cuento con muy pocos hombres.

Gén 34:31 Pero ellos replicaron: —¿Acaso podíamos dejar que él tratara a nuestra hermana como a una prostituta?

Salmo 10

¿Por qué te escondes?

Lámed

¿Por qué, SEÑOR, te mantienes distante? ¿Por qué te escondes en momentos de angustia?

Sal 10:2 Con arrogancia persigue el malvado al indefenso, pero se enredará en sus propias artimañas.

Sal 10:3 El malvado hace alarde de su propia codicia; alaba al ambicioso y menosprecia al SEÑOR.

Sal 10:4 El malvado levanta insolente la nariz, y no da lugar a Dios en sus pensamientos.

Sal 10:5 Todas sus empresas son siempre exitosas; tan altos y alejados de él están tus juicios que se burla de todos sus enemigos.

Sal 10:6 Y se dice a sí mismo: «Nada me hará caer. Siempre seré feliz. Nunca tendré problemas.»

Sal 10:7

Pe

Llena está su boca de maldiciones, de mentiras y amenazas; bajo su lengua esconde maldad y violencia.

Sal 10:8 Se pone al acecho en las aldeas, se esconde en espera de sus víctimas, y asesina a mansalva al inocente.

Sal 10:9

Ayin

Cual león en su guarida se agazapa, listo para atrapar al indefenso; le cae encima y lo arrastra en su red.

Sal 10:10 Bajo el peso de su poder, sus víctimas caen por tierra.

Sal 10:11 Se dice a sí mismo: «Dios se ha olvidado. Se cubre el rostro. Nunca ve nada.»

Sal 10:12

Qof

¡Levántate, SEÑOR! ¡Levanta, oh Dios, tu brazo! ¡No te olvides de los indefensos!

Sal 10:13 ¿Por qué te ha de menospreciar el malvado? ¿Por qué ha de pensar que no lo llamarás a cuentas?

Sal 10:14

Resh

Pero tú ves la opresión y la violencia, las tomas en cuenta y te harás cargo de ellas. Las víctimas confían en ti; tú eres la ayuda de los huérfanos.

Sal 10:15

Shin

¡Rómpeles el brazo al malvado y al impío! ¡Pídeles cuentas de su maldad, y haz que desaparezcan por completo!

Sal 10:16 El SEÑOR es rey eterno; los paganos serán borrados de su tierra.

Sal 10:17

Tav

Tú, SEÑOR, escuchas la petición de los indefensos, les infundes aliento y atiendes a su clamor.

Sal 10:18 Tú defiendes al huérfano y al oprimido, para que el hombre, hecho de tierra, no siga ya sembrando el terror.